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miércoles, 2 de noviembre de 2016

TIMISOARA. Libertad y juventud con aires europeos

noviembre 02, 2016
En esta ocasión, os llevamos de viaje con nosotros a uno de los principales núcleos del país, no solamente en población (3ª ciudad en tamaño), sino como bien nos cuentan nuestros compañeros voluntarios que allí viven, se trata de una ciudad dónde el ambiente y la cultura escaman al aburrimiento. 

Str. Alba Lulia con la Catedral metropolitana al fondo
Capital de la región de Banat, en la parte occidental del país, Timisoara, se encuentra construida alrededor de un conjunto de hermosas plazas y jardines y se presenta como una ciudad libre y joven. Quizás por este motivo el dictador Ceaucescu no tuvo un gran apego a esta metrópolis rumana occidental, dónde las ideas liberales europeas se filtraban al país.

Dejando atrás la Timisoara “nueva”, en construcción, y aún un tanto desaliñada, entramos en su parte histórica dónde los detalles gobiernan unas calles limpias y adoquinadas. 

Edificios históricos en Piata Unirii
Casi sin darnos cuenta, llegamos a la primera de las plazas, la Piata Unirii, la más pintoresca de la ciudad. En esta plaza, uno respira un ambiente juvenil y bohemio. Aquí se alzan monumentos como el museo de historia o las iglesias católica y serbia, una en frente de la otra.

Catedral católica romana en Piata Unirii

Iglesia ortodoxa serbia
Cerca se encuentra la Cetate (fortaleza), una antigua fortaleza transformada en un complejo de tiendas y cafés.

Cetate fortaleza de la ciudad
Buscando el espíritu de la ciudad, nos topamos con la siguiente plaza emblemática, la Piata Libertatii. En pleno centro de la ciudad, y con la estatua de san Juan Nepomuceno presidiendo, se agradece un trago de agua mientras se disfruta del continuo trajín de viandantes.

Estatua de Juan Nepomuceno en el centro de la Piata Libertatii
Callejeando sin rumbo fijo, nos damos con el concurrido mercado de la ciudad. Con un amplio surtido de frutas y verduras, matamos el hambre a base de arándanos y melocotones dulces.

Mercado central de la ciudad
Los últimos puntos de interés los encontramos todos alrededor de la Piata Victoriei. Este paseo peatonal flanqueado por tiendas y cafés, sin duda representa una de las postales de la ciudad. Según llegamos, desde la parte norte, la ópera y el teatro nacional nos dan la bienvenida.

Teatro nacional de la ciudad
Hacia el centro, encontramos la figura de Rómulo y Remo simbolizando la fuerte raíz romana de la ciudad, y al fondo, se reconoce la estilosa catedral metropolitana localizada en el Parcul Catedralei. En el momento de nuestra visita, la iglesia se encontraban en plena homilía. Fue curioso descubrir como, tanto niños como adultos, comulgaban con un pan untado en vino dulce.

Catedral metropolitana de Timisoara
En la plaza Victoriei, aprovechamos para comernos una tradicional mamaliga con sarmale y, de postre, por fin probamos los deliciosos papanasi: una masa frita rellena de requesón y cubierta de mermelada y nata. Para bajar la pesada, aunque deliciosa, comida rumana, nada como darse un tranquilo paseo en dirección sur por el parque de la catedral hasta llegar al concurrido canal Bega, repleto de vida durante los meses de verano. En uno de sus numerosos locales abiertos, nos despedimos de la ciudad con con un inghetata (helado) en mano, y tachamos de la lista una de las ciudades más carismáticas de Rumanía.

Paseo del parcul catedralei

Canal Bega en Timisoara



Texto: Enrique de Paz


Fotografía: Silvia Blanco

sábado, 1 de octubre de 2016

TRANSILVANIA ENTRE CASTILLOS: Bran, Peles y Corvino

octubre 01, 2016
La primera imagen que a muchos les viene a la cabeza cuando se habla de Transilvania son paisajes de frondosas coníferas con castillos enigmáticos cubiertos en fina niebla. Si algo tiene esta región de Rumanía, aparte de bosques y biodiversidad, son leyendas, la mayoría en torno a grandes protagonistas históricos que hicieron de esta región un lugar lleno de misterio y fábula. Y como toda gran leyenda, si se le quiere sacar partido turístico, ha de estar localizada, y en Transilvania, sobran los emplazamientos que rezuman fantasía.

Corvin Castle

En este viaje nos propusimos visitar los castillos más importantes de Transilvania, algunos de ellos eclipsados por las figuras que lo habitaron (o eso nos quieren hacer creer), y otros que brillan con luz propia.


Castillo de Bran

Castillo de Bran
Sobre un peñasco rocoso y ubicado frente a un paisaje de llanura y rodeado por montañas, este castillo Sajón de 60 m de altura, construido en el siglo XIV para defender el paso de Bran de la amenaza turca, puede que acogiera a Vlad Tepes (Conde Drácula) durante unas noches cuando escapaba de ellos en el 1462. Quizás este hecho fuera el que inspirara a Bran Stoker para emplazar aquí al conde en la archiconocida novela de Drácula, algo que ha servido de precedente para que el castillo haya asumido el rol de ser el "Castillo de Drácula". Lo que sí que es cierto es que la reina María residió en él a partir de 1920. 
Gran parte del mobiliario original, importado por la reina María de Europa occidental, aún se conserva.

Su aspecto fantasmal recuerda al escenario de varias películas de terror, pero no hay nada que temer; las paredes blancas y el patio interior con geranios son de todo menos espeluznantes.

A día de hoy, este castillo se ha convertido en una romería de gente que le restan atractivo al ambiente. Desde nuestro punto de vista, merece mucho más la pena la estampa gótica desde el exterior, que su interior; pequeño, pobre y masificado.

A continuación os mostramos algunas fotos del interior con algunas piezas de mobiliario destacables importadas del oeste de Europa. Para nuestro gusto, el interior desluce un poco y resulta agobiante debido al gran número de turistas congregados en pequeños vestíbulos y estrechas escaleras.





El pueblo de Bran se encuentra lleno de carnavalescos tenderetes con camisetas vampíricas y souvenires para satisfacer a la avalancha de visitantes.

Mercado de souvenires en el pueblo de Bran

Castillo de los Corvino

Vista exterior de Corvin Castle
Este escalofriante castillo gótico, con su puente levadizo sobre un pequeño río, parece extraído de las mejores películas de terror, pero se encuentra demasiado cerca de los grandes edificios industriales que lo rodean. Si bien el entorno no es nada bonito, el castillo en sí es impresionante.


Se puede visitar una imponente colección de piezas de caza, o pasear por las oscuras y auténticas salas inferiores de techos altos y abovedados, donde uno se siente como un verdadero caballero medieval. 


Este castillo es un auténtico símbolo del dominio húngaro que tuvo lugar durante mas de un siglo. Sus murallas, levantadas probablemente por prisioneros turcos, fueron construidas sobre antiguas fortificaciones romanas.



Castillo de Peles

Sin punto de comparación con Bran, y a unos 20 minutos a pie desde el centro de Sinaia, este castillo es sin lugar a dudas el más mágico de toda Transilvania. Sus imponentes torres dominan los verdes prados de los alrededores y los grandiosos vestíbulos abruman al visitante.

Panorámica del castillo de Peles desde el camino de acceso
Vistas desde el patio interior, a la entrada del castillo

Fue el primer castillo europeo en disponer de calefacción central, electricidad, aspiradora y ascensor, y servía como residencia del monarca más duradero de Rumanía, Carlos I. Se emplearon 39 años en su construcción, más de 400 artesanos y miles de trabajadores. Isabel, la esposa de Carlos, se encargó de la decoración.

Salón interior del castillo

En tiempos de Ceaucescu las 160 habitaciones del castillo alojaron a líderes comunistas y hombres de Estado de todo el mundo.

Durante la visita se pueden recorrer las 10 salas de la planta baja, pero merece la pena pagar un poco más y visitar la primera planta, mucho más auténtica. En la planta baja se exponen la sala de Armas, el despacho del rey y un cine-teatro, mientras que en la planta superior se accede a los dormitorios y aseos reales, una zona mucho más íntima y empática.

Cine-teatro del castillo
Detalle de la vidriera en el escritorio
de la reina María



Los alrededores del castillo son, sin lugar a dudas, los mas espectaculares de los tres. Por sus jardines con vistas a los frondosos bosques repletos de abetos y osos, se respira un aire tan fresco que empalaga.

Letrero del castillo con advertencia de la presencia de osos

Jardines del castillo de Peles


Texto: Enrique de Paz


Fotografía: Silvia Blanco




miércoles, 14 de septiembre de 2016

LA COSTA DE RUMANÍA. Sol y playa en el mar Negro

septiembre 14, 2016
El litoral rumano presenta una extensa diversidad cultural y ecológica. En el norte, el poderoso Danubio desemboca en el mar Negro dejando a su paso una fantástica red de canales, lechos y marismas. Como ya narramos en la entrada de nuestra visita al delta y sus canales, se trata de un auténtico paraíso para amantes de la naturaleza y ornitólogos que busquen evadirse de todo por un tiempo. Más al sur, por el contrario, se suceden animados complejos de playa que atraen a un tipo de fauna muy distinta, especialmente durante el verano.


Acampada libre en Vama Veche
Jugando al ajedrez mientras
el lodo se seca en Mamaia
En competencia con el mar Mediterráneo, la costa rumana está reconocida por su arena fina, de calidad. El agua presenta una tonalidad oscura debido a la elevada concentración de materia orgánica, y presenta una salinidad baja en comparación con otros mares interiores. Al tener la plataforma litoral una inclinación muy reducida, aguas tranquilas y sin fuertes mareas, se disminuye cualquier riesgo. Además, los lodos de ciertas playas tienen muy buena reputación en el país, algo que atrae a mucho turista en busca de remedios milagrosos para paliar los dolores.

Playa sur de Vama Veche
Al llegar, nuestro primer objetivo fue tratar de encontrar un camping dónde nos dejaran montar la tienda para pernoctar una noche. Lo encontramos en Mamaia, al norte de Constanza. Una vez asentados, pusimos rumbo a la ciudad histórica de Constanza, a escasos 10 kilómetros.

Constanza

Casino de Constanza
A lo largo de la costa encontramos varias evidencias de la larga conexión del pueblo rumano con las antiguas civilizaciones de Grecia y Roma. Un claro ejemplo de estos vestigios de las culturas clásicas lo encontramos en Constanza. Morada del poeta romano Ovidio durante gran parte de su exilio, Costanza presume de una historia muy rica, bañada de leyenda. En el S VIII la ciudad cayó en un largo declive del que no se recuperó hasta principios de 1900 cuándo pasó a ser un centro turístico frecuentado por la realeza europea. A día de hoy, Constanza se presenta como la ciudad portuaria rumana más grande e importante del mar Negro. 



Museo de Historia en Plaza Ovidio
(Antiguo Ayuntamiento)
 
Aunque la ciudad muestra signos obvios de abandono, especialmente en la zona del puerto, presenta importantes atracciones culturales como el fabuloso Casino art-nouveau construido a principios del siglo XX. En la plaza Ovidio encontramos los museos mas importantes de la ciudad.

Pero si algo define a la ciudad es el turismo de sol y playa. Durante los meses de verano, Constanza se convierte en la puerta de entrada a los complejos de costa del país. Sin estar a la altura de su vecina Mamaia, tiene su propia pequeña playa, ideal para mojarse los pies. Tras una cena en el concurrido Boulevard Tomis y un paseo bastante indiferente, regresamos a Mamaia.


Mamaia
Sombrillas en Mamaia
Es una estrecha franja de arena que se extiende hacia el norte desde Constanza, y el destino de playa mas concurrido y selecto de Rumanía. Se podría definir como La Manga rumana. En verano, estos 8 kilómetros de playa se llenan de turistas de todo el país y compiten por esa preciada zona al borde del mar. El litoral se encuentra dividido por pequeñas playas privadas, normalmente con acceso restringido para los hospedados en camping o el hotel correspondiente.
Playa de Mamaia en dirección a Costanza
Playa de Mamaia en dirección norte
Por la noche, la kilométrica playa de Mamaia se transforma en el centro de la fiesta. Es una buena opción si se va en busca de animados bares de copas e improvisadas fiestas en la playa.
De madrugada, recogemos los bártulos y ponemos rumbo hacia uno de los platos fuertes del viaje: Vama Veche.

Vama Veche
"Puerta de entrada"
a la playa
Aunque carece del brillo de Mamaia y tiene menos servicios, es mas pequeño, mas relajado y más rústico. Bajo el antiguo régimen comunista, "Vama" gozó de reputación por ser el paraíso de los artistas y personas de libre pensamiento. Aunque poco a poco se va acercando a lo convencional, aún queda algo de contracultura en el ambiente. No hay hoteles de 5 estrellas; hay que alquilar un bungaló o montar la tienda en la playa y salir de fiesta hasta el amanecer.

Aunque en Vama reina un ambiente bohemio, también hay cabida para un público mas selecto que busca playas y pescado fresco de calidad a precios competentes. Pero indiscutiblemente, los cientos de puestos de artesanía y la atmósfera despreocupada que invade el pueblo convierten a Vama Veche en un emblema de arte y revolución.

Playa de Vama Veche
Como no podía ser de otra manera, la acampada libre en la playa está permitida, algo imprescindible si se quiere integrar en el espíritu del pueblo. Es recomendable preguntar a los previamente acampados, especialmente si se va a colocar la tienda delante de ellos ya que la primera línea de costa está bien cotizada. Nosotros tuvimos la suerte de poder disfrutar del mar a menos de 5 metros de la tienda. Una experiencia inolvidable.

Playa de Carte, donde está permitida la acampada libre
Con el sonido del mar armonizado con la juerga nocturna, cerramos el capítulo del litoral rumano. Pero esta vez no volvemos a casa. A la mañana siguiente cruzamos la frontera, a escasos 10 km de Vama Veche, para proseguir nuestro viaje por el mismo mar, pero en esta ocasión, con un nuevo país como protagonista: Bulgaria.

Vistas del mar Negro desde el interior
de nuestra tienda de campaña

El mar no entiende las fronteras... y nosotros tampoco.



Texto: Enrique de Paz


Fotografía: Silvia Blanco



viernes, 9 de septiembre de 2016

SIGHISOARA: Patrimonio de la Humanidad

septiembre 09, 2016
Desde el momento en que cruzamos la muralla que delimita la antigua ciudadela medieval, nos sentimos como los protagonistas de un cuento de hadas. Patrimonio mundial de la Unesco, resulta fácil sucumbir al embrujo de sus locales bohemios, calles estrechas adoquinadas y casas coloridas del S. XVI.

Plaza central de la Sighisoara medieval

Aunque originalmente la ciudadela estaba protegida por catorce torres y cinco bastiones de artillería, actualmente, solo conserva nueve de las torres originales, que llevan el nombre de los gremios que las defendían, y dos de los bastiones.

Vista de la Torre del Reloj desde las
afueras de la muralla
La principal entrada a la ciudad y uno de sus símbolos mas representativos, es la Torre del Reloj. Esta torre, que data del siglo XIII, con sus 64 m de altura y con muros de un grosor superior a 2 m, fue la antigua sede del concejo municipal.  El reloj es de 1648 y contiene un carillón con un desfile de estatuillas de talladas en madera. Cada una representa una alegoría: la Paz lleva una rama de olivo, la Justicia porta una balanza y la Ley esgrime una espada. También hay un verdugo y un tamborilero que da la hora.


Detalle del carillón integrado en la Torre del Reloj


Una vez dentro de la antigua ciudadela, aún habitada, las estampas de casas de colores y calles adoquinadas atrapan al turista. Los restaurantes se intercalan con hoteles y tiendas de souvenires perfectamente integradas en el estilo de la ciudad. 
Calle de Sighisoara con las fachadas de colores

Perdiéndonos por sus calles, llegamos hasta la escalera de los estudiantes, una escalera cubierta de 172 peldaños, no apta para claustrofóbicos. 
Escalera de los estudiantes
Tras un ascenso por esta inusual escalinata, se llega hasta el punto de mayor altitud de la ciudad, donde encontramos frente a nosotros la Iglesia de la Colina, una iglesia luterana del S. XVII. Frente a su entrada, podemos pasear por el antiguo cementerio alemán, integrado perfectamente en una zona boscosa. Aledaña a la iglesia, se estableció la antigua escuela de la ciudad, de ahí que la escalera se denomine de los estudiantes.

Iglesia de la Colina
Cementerio alemán

Regresando de nuevo a la zona baja de la ciudad, caminamos hasta el extremo occidental para conocer otra de las torres que aún se conservan en pie, La Torre de los Orfebres. Esta torre defendía la parte suroeste de la muralla, una de los mas vulnerables de la ciudad.
Torre de los Orfebres

No muy lejos de la Torre de los Orfebres, nos encontramos con otra de las torres de defensa contra los ataques turcos. En este caso, el gremio defensor eran los sastres. Esta torre del siglo XIV, situada en la segunda entrada a la ciudadela, fue destruída por un incendio en el siglo XVII y reconstruída tres años después.

Torre de los Sastres

La Catedral Católica o el Monasterio Dominico son otros puntos de referencia que sorprenden al turista en un su visita a esta joya cultural. Además, Sighisoara se ha convertido en un punto de referencia para los aficionados a Drácula, ya que aquí nació uno de los personajes más tenebrosos de la Historia: Vlad Tepes (El empalador). Su casa, convertida en museo, está abierta al público. 

Fachada de la casa de Vlad Tepes (amarilla),
actualmente convertida en museo


Saliendo de los límites de la muralla que delimita la antigua ciudad, aunque no se puede comparar, la Sighisorara industrializada sorprende con pequeños destellos como la Biserica Sfânta Treime, a orillas del río que cruza la ciudad. Paseando por la nueva ciudad, mucho mas humanizada y monocroma, ponemos fin a nuestro paso por un lugar grabado para siempre en la memoria de sus visitantes. 

Biserica Sfânta Treime


Texto: Enrique de Paz

Fotografía: Silvia Blanco



lunes, 29 de agosto de 2016

TRANSFAGARASAN: Tocando el techo de Rumanía

agosto 29, 2016
La 7C, la carretera más alta del país, votada por el programa televisivo Top Gear como la mejor carretera del mundo, es una experiencia inolvidable al volante. Esta carretera de dos carriles acomete audazmente la cordillera más alta de Rumania, las montañas de Fagaras. Denominadas por Emmanuel de Martonne en 1907 como “Los Alpes de Transilvania” son sin duda las montañas más impresionantes del País.


Carretera de Transfagarasan
La carretera de Transfagarasan, el proyecto más celebrado de Ceaucescu, se construyó en la década de 1970 en solo cuatro años y medio antes de su inauguración en 1974. Fueron necesarios seis millones de kilos de dinamita para explosionar 3,8 millones de metros cúbicos de roca y 38 personas murieron durante su construcción. El proyecto encajaba con la megalomanía del dictador, pero también respondía a otros motivos prácticos. Aunque haya otras rutas al este y el oeste que garantizan más fácilmente la comunicación norte-sur, parecía sensato asegurar el paso de los Cárpatos por la frontera tradicional entre Valaquia y Transilvania por si atacaban los soviéticos (Como habían hecho en 1968 en Checoslovaquia).

La carretera comienza en el sur, en Pitesti, y acaba al norte, en la carretera 1 (118 km en total): lo habitual es recorrerla desde el norte, donde tras 35 km se llega al inolvidable lago glaciar de Balea (2034 m).

Vista a los pies de la Cascada Balea
En nuestro caso comenzamos por el norte. Después de salir de la carretera 1 desde Sibiu, la conducción se pone interesante a partir del km 12, cuando la carretera inicia una serie de curvas cerradas a través de un bosque frondoso. A medida que se asciende, la roca sustituye a los bosques. Antes del km 20 los oídos se taponan y en el km 22 se llega al refugio Cabana Balea Cascada. Allí, las vistas de 360° son espectaculares, con acantilados y la gran cascada blanca. 

Hay puestos de recuerdos, un restaurante y el refugio, además de un teleférico que sube hasta el lago Balea. Desde el refugio, comienzan una serie de rutas de senderismo, entre las cuales, una que sube hasta el lago. En nuestro caso, tomamos la ruta de ida y vuelta que llega hasta los pies de la cascada, ya que hasta el lago subiríamos por la carretera. Una vez bajo la cascada, impresiona la fuerza con la que el agua rompe tras varios metros de caída libre que asemeja a un relámpago en un cielo nublado.

En invierno, cuándo la nieve lo cubre todo, si se quiere llegar hasta el lago Balea, hay que dejar el coche en Cabana Balea Cascada y subir con el teleférico hasta arriba ya que la carretera permanece cerrada desde este punto de octubre a mayo. En nuestro caso, al acudir en pleno agosto, no tuvimos ningún problema en ascender hasta arriba con el coche.



Tienda y bicicleta en el Lago Balea esperando  la noche
Recorrer completa esta carretera, a menudo apenas separada del abismo por arcenes estrechísimos, con panorámicas asombrosas tras cada giro, supone toda una aventura. Si cruzar estas montañas en coche ya supone una gran aventura, nos encontramos con algunos valientes que se proponían hacerlo en bicicleta, algo apto solo para los deportistas mejor entrenados. Pero sin lugar a dudas, todo el esfuerzo estaba mas que recompensado a la llegada al Lago Balea, donde algunos se veían obligados a pasar la noche para continuar con el descenso a la mañana siguiente.
Es importante recordar que esta ruta no la recorre ningún transporte público, por lo que la única forma de llegar hasta este punto es mediante transporte privado.

Los restantes 13 km de subida hasta el lago, entre tremendas vistas, son un laberinto vertiginoso en zigzag que parece estar inspirado en un scalestrix.

El clímax llega en el lago Balea, que se extiende como un espejo entre las rocas. Junto al lago se encuentran varias Cabañas con restaurante y habitaciones, además de los numerosos puestos de venta ambulante de productos típicos al pie de la carretera. En invierno se construye el Ice Hotel, con paredes, pasillos, pilares, camas y esculturas de hielo.

Lago Balea
Puesto de gastronomía típica en la carretera a la altura del Lago Balea

Nevero estival en Lago Balea 
Después de respirar aire puro y pisotear algún nevero aún intacto, dejamos el lago para comenzar el descenso. Tras un túnel de 887 m de longitud excavado en la roca bajo la cresta del pico Paltinu, la carretera emprende la bajada, ya menos espectacular por la cara sur a lo largo del valle de Arges. Después de volver a entrar al bosque, cuando podría parecer que se había terminado lo bueno, la carretera llega de pronto a orillas del bello lago Vidraru y cruza una espectacular presa abovedada de 165 m de altura, aprovechada para la producción de energía en la central hidroeléctrica colindante.

Panorámica desde la presa del Lago Vidraru, uno de los principales atractivos de la carretera 7C
Presa abovedada de 165 m de caída (izquierda) y monumento a la energía en la central hidroeléctrica (derecha)

Más allá del lago, muy cerca de la carretera, se levanta la ciudadela de Poienari, el “verdadero” castillo de Vlad Tepes. En este bucólico valle, y fantaseando con un tiempo en el que por estos bosques imperaba la ley del miedo, pusimos fin a nuestro viaje.

Ciudadela de Poienari



Texto: Enrique de Paz

Fotografía: Silvia Blanco